Semana Santa 2009

 

Vamos a conocer un poco más...

 

 

     Nos resulta relativamente fácil conocer la vida y la pasión de nuestro Jesucristo. Hemos leído o escuchado muchas veces los evangelios de la Pasión. Nos hemos conmovido viendo en las procesiones de Semana Santa escenas de la Pasión. Hemos, quizás visto, películas y montajes musicales sobre la vida y la muerte de Jesús.

         

Sabemos posiblemente de memoria lo que pasó en la Última Cena o en el camino del Calvario o las siete palabras de Jesús. Pero, así como una cosa es conocer exteriormente, de “oídas” o “de vista” a una persona, y otra cosa es conocerla desde el trato íntimo, desde la amistad, desde el amor; así sucede con Cristo- el Señor.

 

          Hay un conocimiento interior de Cristo. Este conocimiento no se aprende en los libros. Se aprende mejor mirando, escuchando íntimamente, amando con todas las fuerzas al Señor. Es un conocimiento comprensivo y entrañable. Es un conocimiento hijo del amor. Es que el amor ilumina lo que se ama. Es que sólo se conoce bien el objeto amado. Es que, como decía Platón; “el amor produce el conocimiento y lleva al conocimiento.”

         

Una Semana Santa vivida desde el amor lleva al creyente a sumergirse en ese abismo del Misterio de Dios hecho hombre y entregado hasta la muerte. Se necesitan muchas y muchas horas de oración, de silencio ante un crucifijo- como hacía nuestro patrono y paisano San Juan de Ávila o Santo Tomás de Aquino; mucho mirar con el corazón y escuchar ante el sagrario, en la comunión, en la oración y en el silencio donde surgen sentimientos, llamadas, emociones íntimas nacidas del trato amoroso entre el alma y el Señor. Mientras no haya una vivencia muy, muy interior del Misterio encerrado en la Semana Santa, no se experimentará el gozo, la paz, la admiración, el agradecimiento, el abrazo con el Señor entregado por amor a cada persona.

 

          ¿Tendremos la fe y el amor suficientes para acercarnos al Misterio de la Semana Santa, descalzos de tantas superficialidades que se pueden adherir a nuestro espíritu en estos días, y, con un alma limpia en actitud de oración e intimidad amorosa, conocer un poco más todos los tesoros de gracia y de vida encerrados en la pasión y resurrección del Señor?

 

 

Tomás Lozano Rivas. Sacerdote