NECESIDAD  DE  LA  DEVOCIÓN  A  MARÍA  PARA  LA  SALVACIÓN

 

La necesidad de la devoción a María para salvarse no es absoluta, sino hipotética, o sea, por haberlo dispuesto Dios así. Quiso Dios servirse de María para la grandiosa obra de la Encarnación del Verbo, que significaba la salvación para todo el género humano, y de qué manera las tres divinas Personas de la Santísima Trinidad la llenaron de toda clase de gracias y bendiciones.

Dios Padre reunió en un lugar todas las aguas y las llamó mar; reunió en otro todas las gracias y las llamó MARIA. Este gran Señor tiene un tesoro o almacén  riquísimo, en donde ha encerrado todo lo que hay de más bello, brillante, raro y precioso, incluso su propio Hijo; y ese tesoro inmenso no es otro que María, a quien los santos llaman Tesoro de Dios, de cuya plenitud son enriquecidos los hombres.

Dios Hijo ha comunicado a su Madre todo lo que El adquirió mediante su vida y su muerte, sus méritos infinitos y sus virtudes admirables, haciéndola tesorera de cuanto su Padre le dio en herencia; por Ella aplica sus méritos a sus miembros, les comunica sus virtudes y distribuye sus gracias.

Dios Espíritu Santo ha comunicado a María, su fiel Esposa, sus dones inefables, escogiéndola por dispensadora de todo lo que El posee; en forma que Ella distribuye a quien Ella quiere, cuanto Ella quiere, como Ella quiere y cuando Ella quiere, todos sus dones y sus gracias, y no se concede a los hombres don alguno del cielo que no pase por sus virginales manos. Por que tal ha sido la voluntad de Dios, quien ha querido que nosotros lo tuviésemos todo por María. Estos son los sentimientos de la Iglesia y de los Santos Padres.

El llorado Pontífice Juan XXIII, en conformidad con estas ideas, escribió las siguientes terminantes palabras. “Quien, agitado por las borrascas de este mundo, rehúsa asirse a la mano auxiliadora de María, pone en peligro su salvación”.
Y Pablo VI ha afirmado expresamente. “La Virgen María y la Iglesia son realidades esencialmente insertas en el designio de la salvación, que se nos ofrece a través del único principio de la gracia y del único Mediador entre Dios y los hombres que es Cristo.”

Quede, pues, sentado que la devoción tierna y entrañable a María no solamente es necesaria para la santificación, sino que es el camino y expedito para remontarse en poco tiempo hasta las cumbres más altas de la unión con Dios.

 

Sor Cristina del Sagrado Corazón de Jesús.
Priora de las Monjas Jerónimas de Almodóvar del Campo.